El seguimiento y reactivación de clientes vive en esa conversación que se enfrió. No te dijo que no. Te dijo que lo pensaba, y la semana se llevó el hilo. Sikorre mantiene ese hilo vivo por correo y WhatsApp, y sale a buscar a los clientes que dejaron de volver sin avisar.
Nadie los borró. Nadie les escribió tampoco. Están en la lista de chats, debajo de trescientos mensajes más nuevos.
Eso fue hace seis semanas. No era un no, era un quizás sin fecha, y un quizás sin fecha se muere solo.
Venía cada mes durante un año y de un momento a otro no volvió. Nadie se dio cuenta hasta que alguien dijo su nombre meses después.
El seguimiento pasa cuando el local está vacío y a alguien le da remordimiento. O sea, nunca en una semana buena.
La respuesta existe. Está repartida entre un celular, un cuaderno y la memoria de una persona, así que nadie la saca.
Si no hay base de contactos, o la que tienes está sucia, llena de repetidos y números muertos, todavía no hay nada que reactivar. El primer trabajo es ordenar y armar esa lista. Es aburrido y rinde después, no esta semana.
Del quizás sin fecha a un cliente que te compra por segunda vez.
Nombre, qué preguntó y cuándo. En una sola lista, no en tres celulares y un cuaderno.
Salen unos cuantos correos o mensajes de WhatsApp, espaciados en los días siguientes. Nadie tiene que sentirse culpable por eso.
La respuesta a lo que no se atrevió a preguntar, y le llega mientras todavía se acuerda de tu nombre.
Después de un tiempo definido sin comprar, le llega un mensaje antes de que se acostumbre a comprarle a otro.
En el segundo en que alguien contesta, la automatización se hace a un lado y una persona cierra.
El seguimiento termina en algo que puedes señalar, no en una lista de contactos más bonita.
Correo y WhatsApp, cada uno usado para lo que mejor sabe hacer.
Secuencias que corren durante semanas. Sirven para la decisión lenta, el precio que la persona todavía está rumiando, la temporada que vuelve cada año.
Un mensaje corto en la aplicación que esa persona abre cuarenta veces al día. Sirve para el cliente que ya compró y volvería si alguien se lo recuerda.
Un envío armado para un solo grupo: los que compraron y dejaron de hacerlo. El momento lo define cuánto llevan sin volver, no el calendario.
La retención no es una cifra suave. Se refleja directo en lo que gana un negocio.
La investigación de Fred Reichheld en Bain & Company encontró que subir la retención de clientes en cerca de un 5% puede aumentar las ganancias entre un 25% y un 95%, según el sector.
Harvard Business Review / Bain & Company (Fred Reichheld)Donde la segunda compra es lo normal, no la suerte
Lo que deja de caerse de la mesa
Lo que la gente pregunta antes de entregar su lista de contactos.
Una serie de correos o mensajes de WhatsApp que salen en un calendario definido hacia quien preguntó y no compró, o compró y dejó de volver. El calendario se decide una vez. De ahí en adelante nadie tiene que acordarse de nada.
Para eso existe la reactivación: encontrar quién se enfrió y darle una razón para volver, en vez de esperar a que se acuerde de ti por su cuenta.
Casi siempre los dos, haciendo cosas distintas. El correo lleva la secuencia larga; WhatsApp lleva el mensaje corto y directo que se lee el mismo día.
De tu propia base: quienes ya te compraron, quienes te escribieron alguna vez, contactos captados por tus anuncios y formularios. No se compran ni se importan listas de afuera.
Los mensajes solo le llegan a quien ya habló con tu negocio o ya te compró, y cada uno se arma alrededor de una razón real para escribir. Dicho eso: si escribes demasiado seguido, la gente se sale de la lista. Preferimos enviar menos.
Sí. Qué compró, cuánto lleva sin volver, en qué quedó la conversación. Eso es justo lo que separa un mensaje de reactivación de un envío masivo.
Sirve donde el cliente puede comprar más de una vez. Si vendes algo que se compra una vez en la vida, esa plata rinde más consiguiendo clientes nuevos.
En la mayoría de los casos, sí. Miramos lo que ya usas y conectamos el seguimiento a eso, en vez de pedirte que armes una lista nueva desde cero.
Mándanos tu lista, así esté hecha un desorden, y te decimos a cuánta gente de ahí todavía vale la pena escribirle.